Existen habilidades y competencias de enorme trascendencia en el desarrollo cotidiano de la actividad profesional, hasta el punto de que dichas habilidades y competencias se constituyen en ocasiones en el eje de toda la actividad: habilidades en comunicación o capacidad comercial por ejemplo. Sin embargo estas habilidades no tienen porqué tener un carácter innato, sino que pueden ser aprendidas, practicadas y mejoradas. La negociación es una de esas habilidades, cuya importancia alcanza una buena parte de la vida profesional e incluso personal.